El alcalde Isaí Blanco defiende frenar el crecimiento masivo para priorizar la calidad del visitante y aliviar la presión sobre los servicios públicos y la vivienda
El Ayuntamiento de La Oliva ha aprovechado su presencia en la ITB de Berlín, una de las ferias de turismo más importantes del mundo, para lanzar una propuesta contundente: la creación de una moratoria turística específica para Fuerteventura. El alcalde del municipio norteño, Isaí Blanco, y el concejal de Turismo, David Fajardo, han acudido a la cita internacional con una estrategia clara basada en «mantener sin crecer», apostando por un modelo que prime la calidad del visitante frente al aumento de la cantidad.
Desde el grupo de gobierno se defiende que el crecimiento demográfico y turístico ha alcanzado un punto de inflexión que está generando desequilibrios estructurales en toda la isla. Según Blanco, la situación actual exige que las administraciones delimiten con urgencia la capacidad de carga de Fuerteventura, estableciendo límites que protejan el bienestar del pueblo majorero. El objetivo no es otro que frenar la expansión descontrolada para centrarse en un tipo de turista que genere prosperidad sin agravar los problemas de saturación.
Por su parte, David Fajardo ha incidido en la necesidad de que Fuerteventura sea una isla resiliente, recordando los retos que supone gestionar un territorio árido con recursos limitados. El concejal ha advertido de que la capacidad de carga ya ha sido superada, lo que se traduce en una presión insostenible sobre el territorio, graves dificultades de acceso a la vivienda para los residentes, sobrecarga en los servicios básicos y una progresiva pérdida de la identidad y el paisaje majorero.
Para contrarrestar este modelo de masas, La Oliva está promocionando una oferta turística complementaria que pone en valor su patrimonio y cultura, como los nuevos Centros de Interpretación de la Ruta del Agua o el Castillo del Tostón. Esta propuesta busca atraer a un perfil de viajero más consciente y respetuoso con el entorno, que permita mantener la rentabilidad del sector turístico sin hipotecar el futuro de los recursos naturales y la calidad de vida de quienes habitan en el municipio y en el resto de la isla.






